DIVIDE Y REINARÁS

Análisis político y social de los triunfos electorales de la derecha tanto de Argentina como de Venezuela. Por Federico Firpo

*Desde Venezuela

En vistas de los resultados que han arrojado, para este 2015, tanto las elecciones presidenciales en Argentina (Mauricio Macri presidente) como las parlamentarias en Venezuela (con un aplastante triunfo de la oposición por sobre el chavismo, de cara a la asamblea nacional) lo primero que se me ocurrió fue la frase: divide y triunfarás. Sin embargo desde el análisis se hace muy difícil pensar en un triunfo cuando uno percibe que la verdadera victoria, para el caso, en general, responde a fuerzas ajenas, es decir que exceden propiamente el terreno en el cual se han dado dichas elecciones. Comprendiéndose, por lo tanto, los términos de dos oposiciones entrantes que, sin representar casos aislados justamente, llevan consigo una esencia que favorece más bien los intereses extranjeros siempre a la expectativa. Es por ellos, en torno a estos otros, que hablamos de reinar más que de triunfar. Es por esta razón también, que podemos ver a un presidente argentino que, siendo recientemente electo, aun antes de tomar cargo de sus atribuciones lleva adelante, como una de sus primeras distinciones públicas al mando, una carta personal contra el primer mandatario venezolano. Todo en medio de lo que podría imponerse como un “enemigo estratégico”. Pero, en fin, ¿enemigo de quién?

Cerrando el año 2015 puede uno comenzar a vislumbrar ciertos vientos de cambio. Con Europa en llamas, con invasiones bélicas desmedidas en Palestina, Siria y con un claro avance del desmembramiento de los intentos de patria grande, correspondientes al siglo XXI, en Sudamérica, sin olvidarnos de la re apertura de la embajada estadounidense en Cuba. Respecto del caso sudamericano, un intento de juicio parlamentario a Dilma Rousseff, la victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales argentinas, el triunfo de la oposición derechista en las parlamentarias venezolanas y las insistentes denuncias de corrupción en el campo indígena contra el gobierno boliviano, siempre mediado todo por el ojo tan representativo que nos traen medios como por ejemplo la CNN. Al interior del subcontinente, nos dejan estas experiencias un mapa diametralmente adverso en comparación con la lógica de los avances unificadores que, se supone, se venían dando.

Ya desde el triunfo de Macri, podía leerse en las redes sociales venezolanas cierta alegría, cierto discurso renovador y también, por qué no, cierta esperanza de quienes creen necesario un cambio de rumbo al interior de los mandamás venezolanos. Para poner un picante extra a la situación entre Venezuela y Argentina, como ya hemos dicho al principio, una de las primeras “actividades creativas” del presidente electo Mauricio Macri fue la de redactar y hacer pública una carta contra Nicolás Maduro. Pero no cualquier carta, una especie de manifestación, incitación, en contra y al mejor estilo “barra brava” concluyendo que: “basta simplemente con mirar los videos de YOUTUBE para saber sobre lo que pasa en Venezuela”. Más allá del triste formato del escrito, evidentemente guionado (y con segundas intenciones) de antemano, resulta muy difícil entender, más aun ver, cuál sería el momento a partir del cual Venezuela se convierte en el enemigo externo nº 1 de la Argentina. Será, en todo caso, más bien el enemigo estratégico de los intereses que rodean al nuevo gabinete del gobierno entrante en Argentina (¿?).

Lo que sorprende en el caso personal, queriendo despojarme de toda sensibilidad subjetiva, es si realmente existe en esas voluntades de cambio reflexión alguna. Son estas las preguntas que no deja uno de hacerse: ¿están mentados dichos cambios sobre la base de nuevos proyectos, superadores, o se trata solamente del simple cambio como tal?, ¿vale en todo caso el cambio a costa, sencillamente, de lo que sea?, ¿cuáles son los intereses que rodean a estos nuevos gobernantes?

Ya adentrados en el caso particular venezolano, que como hemos dicho no es un caso aislado, podemos encontrarnos llegando al 6 de Diciembre con unas elecciones parlamentarias que definirán el rumbo futuro de la Asamblea Nacional. Son 2 voluntades contraproducentes entre sí las que se encuentran a la cabeza de este proceso electoral. Por un lado, el chavismo triunfante de 17 años para acá, por lógica el oficialismo. Por otro lado, la oposición en tanto fuerza de derecha que viene a representar el cambio. La fecha de las elecciones nos encontró en El Molino, un pueblo del sur de Mérida apartado (alejado) en el medio de la montaña. La idea de llegar a este poblado en periodo electoral resultaba tentadora porque, si bien flotaba en el aire cierto triunfalismo de la derecha opositora, en el campo suponía uno que habría de encontrarse con un fervor chavista intacto. Sería, contrariamente, enorme la sorpresa que terminaría por llevarme. Comenzado el fin de semana, pese a todos mis supuestos, no faltó campesino alguno que hablara de la importancia de estas elecciones como para frenar todos los “arrebatos” del chavismo. Era este solo el comienzo de lo que sería después una especie de ritual antichavista. Una vez el domingo, todos a ejercer el derecho a sufragio. Cerradas las urnas ya para las 18.30 horas se conocían los resultados de lo que fuese un aplastante triunfo de la oposición en el pueblo. A las 21 horas (aproximadamente) el festejo opositor incluía a Mérida toda y finalmente luego de la medianoche la victoria, apabullante, se extendía a nivel nacional.

Este claro avance de la derecha opositora, esta terrible derrota del chavismo, deja no solo una evidente concepción de los tiempos de cambio venideros (teniendo en cuenta también los casos anteriormente citados de Cuba, Brasil, Bolivia y Argentina, que junto con Venezuela constituyen el ALBA), sino también, empieza a abrir una serie de interrogantes de cara al futuro. Y es así que, ante la pregunta de por qué se votaba a los candidatos opositores, la respuesta más usual: porque estamos cansados del chavismo. Ante la pregunta de cuáles eran las propuestas que los habían inducido a votar a estos candidatos o simplemente al preguntar cuál es el nuevo candidato con el que se sentían identificados, no había respuesta alguna sino más bien lo ya dicho: “estamos cansados del chavismo, 17 años ya es mucho”, mensaje similar al de determinados medios de comunicación implícitamente opositores. Vacío total de una búsqueda superadora. Cuesta mucho hacerse eco de estas respuestas teniendo en cuenta los referentes principales del cambio venidero: Henrique Capriles y Leopoldo López, algo así como 2 empresarios multimillonarios que tienen el apoyo y el visto bueno de los Estados Unidos, así como de Colombia. Resulta también difícil fundamentar por qué será que un porcentaje importante de la población, que supo apostar a los avatares de un régimen socialista, emita su voto hacia personajes que todos bien saben aquí representan de manera explícita, en sus intereses de cambio, a la embajada de Estados Unidos.

Sumergidos en una serie de crisis que se agravaron tras la muerte del Comandante Hugo Chávez, todos los golpes mediáticos habidos y por haber se han instalado en la patria bolivariana. Pero, eso sí, tampoco podríamos simplemente caer en el supuesto de que han sido todos víctimas de una operación mediática y que solo por eso hayan votado entonces por la oposición, lo mismo corre para el caso argentino. Existe también entre los venezolanos relatos de quienes reconocen una feroz pulseada entre el gobierno y altos sectores empresariales, especuladores, siempre anti – socialistas y que, por lo tanto, al ver que el gobierno viene perdiendo la pulseada opta por votar antes que un gobierno “débil” la oposición, es decir “el cambio y más nada”. En síntesis, luego de conocer los resultados en El Molino; los bocinazos (o cornetazos como dicen aquí en Venezuela) y los fuegos artificiales, propiciantes de un festejo y desahogo al mismo tiempo, ponían a las claras una población que supo ser testigo directa de todos los triunfos chavistas pero que al momento celebraba, también vía electoral mediante, lo que ellos mismos sienten como el comienzo de un cambio necesario.

Más allá de cualquier reflexión, más allá de toda subjetividad quedará como deuda, al interior de los procesos históricos, una búsqueda por comprender cuales son las variables que puedan ponerse en juego a la hora de analizar cambios sociales que se suponen tan abruptos. Es decir, no solo por el cambio que implica a nivel nacional el traspaso de un gobierno a otro por defecto en oposición, sino también, como respuesta al hecho que (evidentemente) al haber hablado las urnas podemos identificar que un alto porcentaje de la población argentina que supo dar ayer su apoyo al kirchnerismo elige hoy votar por Macri. En tanto que, un régimen como lo es el chavista en Venezuela que supo ser triunfador durante 17 años se encuentra a la fecha con un electorado que aplastantemente le da vuelta la cara, le da ahorita las espaldas. Quedará entonces por verse cuales son las causas que, en definitiva, llevan a una o más poblaciones a exigir democráticamente un cambio de rumbo, un cambio de paradigma.

En lo personal, echando ojos al contexto sudamericano no puedo sacar de la mente la chicana típica que surge en charlas y discusiones políticas de quien le dice a otro: “no podés ver más allá del mal menor”…Creo, por caso, que lo que está sucediendo es peor aún. No se está votando solamente el mal menor, no se trata en este momento de un voto castigo, sino que de cara al futuro cuando al que se está votando representa abiertamente los intereses y recetas del FMI, del Banco Mundial ese castigo será entonces hacia uno mismo. Cuesta demasiado creer en la posibilidad de cambio alguno si de lo que estamos hablando es de un “voto auto – castigo”.

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