COMO CUBA EN VENEZUELA

Continuando con la recorrida por las tierras de la Patria Grande, en este caso llega la crónica de un viaje al corazón de Venezuela en donde se emplaza uno de los proyectos sociales mas trascendentes para los pobladores de Maracaibo: Centros ambulatorios con participación de médicos cubanos colaborando para acercar la salud a quienes no tienen acceso. Por Federico Firpo

Llegando la navidad del 2015 decidí volcarme hacia los pagos de Maracaibo. Allí me recibiría mi amigo Gustavo, para luego presentarme a su familia. Una vez allí, el 22 de Diciembre, retiradas las horas del sol fuimos a visitar a uno de sus más grandes amigos, Israel, conocido también como “el pollo”. Él, nos esperaba en el ambulatorio del barrio junto con su mujer y otras personas que me irían presentando con el pasar de los minutos. En este lugar (más precisamente el ambulatorio del barrio El Samán, en la Ciudad de San Francisco), me encontré con la grata sorpresa de ser recibido por un grupo de cubanos y cubanas entre ellas Daiyaris, la esposa de Israel. Luego de brindarme unas cervezas y una deliciosa cena que incluyó de entrada sopa de res con verduras más un plato fuerte de churrascos de pernil, Daiyaris personalmente se ofreció a mostrarme las instalaciones del ambulatorio. En el mismo, aparte de realizarse trabajos de oftalmología, se llevan adelante otras especializaciones tales como la odontología por ejemplo. Todo gratuito para las familias del barrio.

12512717_671436519626809_2822759264017871628_nNo se trata de un simple proyecto que haya surgido de buenas a primeras, nada improvisado, hablamos para el caso de una serie planeamientos bilaterales, acuerdos que se fueron llevando a cabo a lo largo de los últimos 15 años entre los gobiernos de Cuba y Venezuela, con nombre propio. En lo referente a los ambulatorios podemos circunscribirlos dentro de lo que se conoce como Misión Barrio Adentro. Mediante esfuerzos estatales, durante los gobiernos de Hugo Chávez, se plantea llevar la medicina gratuita a los barrios donde normalmente ni siquiera llegaba. La propuesta implica un programa social promovido por el Estado Bolivariano, bajo el acompañamiento y asistencia del gobierno de Cuba, incluyendo el traslado de especialistas cubanos para las diversas áreas afectadas. No significaría ninguna novedad ponernos a hablar de los altos estándares que contiene en sí el modelo cubano de salud, entre los mejores sino el mejor del mundo. Como parte de un Sistema Público de Salud, se comprende que solamente bajo la tutela estatal es que puede llevarse adelante todo modelo de gestión de Salud Integral, logrando a fin de cuentas una mejor calidad de vida de poblaciones postergadas. En contraposición con una deuda social histórica lo que se intenta es poner el eje en salir de las perspectivas que nos tiene acostumbrado el mercado en el sistema capitalista. En el caso que nos trae, es la atención de familias con difícil acceso a los servicios de salud, o sea, la llegada del estado al barrio a través de la salud. Podemos decir así, qué estamos ante una lógica doblemente positiva: por un lado, se beneficia a sectores históricamente sin cobertura a los servicios de salud, al tiempo que se lleva a cabo el proceso por fuera de los altos costos, incluso impagables teniendo en cuenta los ingresos promedio, en algo que se supone tan básico para la supervivencia como lo es la salud.

12645202_671436516293476_2950773639902660368_nSe trata por lógica de llegar a lugares periféricos frenando el deterioro social en poblaciones vulnerables, algo así como empoderar, en sus derechos básicos, a sectores que no han podido tener acceso con anterioridad al goce pleno de lo que debiera corresponderles por naturaleza. La lógica capitalista de vida, en esencia, disfraza siempre una serie de artilugios que se contradice con las políticas de Derechos Humanos, muchas veces promovidas desde las sedes del Imperio. Convencidos de que la salud gratuita sea un estorbo explícito a las cadenas transnacionales del mercado de fármacos no nos extraña que políticas como las “de barrio adentro” sean la consecuencia del trabajo conjunto de las dos patrias citadas con anterioridad. Basta con correrse apenas un instante de las grandes ciudades para encontrarse uno en Venezuela rodeado de cubanos involucrados en la causa.

Muchas veces con tecnología de punta en lugares más bien sencillos uno no deja de sorprenderse con la naturalidad con las que estas personas, oriundas de la isla revolucionaria por excelencia, definen a la salud y a la educación como propiedad pura del pueblo, es decir; del pueblo y para el pueblo. Más aún, me resulto hasta curioso por ejemplo que mientas Daiyaris me comentaba acerca de cómo se manejan en el proyecto, me invita también a que pasara un día de ser necesario, que las instalaciones están a disposición siempre de quien así lo deseara. Ahí mismo fue que recordé acerca de la importancia de la calidez humana, imprescindible en términos de salud integral. Me explicó en el camino como desarrollaban las tareas, me enseño rápidamente el consultorio odontológico que en el lugar funciona, quedando atrapado en el encanto de un centro ambulatorio que nada tiene que envidiar a las clínicas privadas de las grandes urbes.

12654637_671436522960142_4501396409250138389_nLa parte que más ampliamente recorrimos se corresponde con el área de oftalmología, sector del cual Daiyaris se encarga. En un ambiente particularmente ameno, uno entra y se encuentra rodeado de sillas, en una sala de espera climatizada y al pasar por un pasillo que incorpora fotos de Fidel, Chavez, Bolivar, Marti y el Che, sumados a Raúl Castro y Nicolas Maduro, aparece la maquinaria traída de Cuba, a partir de la cual se llevan adelante los muestreos, para que finalmente los pacientes puedan obtener sus anteojos sin tener que pagar los elevadísimos precios de mercado, volviendo a sus hogares con similares productos sin costo alguno. Tengamos en cuenta que un par de anteojos se consigue por no menos de 20 mil bolívares y que el sueldo promedio en Venezuela es de poco más de 10 mil. Una vez terminada la visita guiada por el sector oftalmológico, Daiyaris pasó a contarme las formas en que el gobierno de su país fue congregando a médicos y enfermeros cubanos, de las diferentes disciplinas, a tomar parte en estas políticas de inclusión social en patrias aliadas y de lo difícil que muchas veces puede resultar salirse del lugar en el cual uno ha pasado su vida. Como no podía ser de otra forma, retornamos al patio en el que habíamos cenado para bailar salsa, otra vez rodeado de cubanos y cubanas, hasta altas horas de la noche.

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