¡¡¡Que (sobre)viva el fútbol !!!

El bochornoso final del clásico platense fue tan solo el corolario del triunfo de un discurso: ganar a cualquier precio. El peligro de convertir un partido de fútbol en una cuestión de vida o muerte ha ocupado un nuevo escenario: el campo de juego. Por Diego Ferraro

0014185412Empezó siendo un discurso. Es un partido de vida o muerte. El discurso se apoderó de más de un fanático del deporte más popular de nuestra tierra y devino en violencia cotidiana relacionada al mundo de la pelota; la importancia de ganar o perder un partido de fútbol se ha vuelto fundamental y ha llegado a niveles insospechados, desde apretadas a jugadores o dirigentes hasta, por ejemplo, el suicidio de un hincha de Rosario Central en 2010 al no poder soportar el descenso de su equipo. El discurso mediático no ayuda a bajar decibeles en lo más mínimo; sin ir más lejos, el eslogan que la cadena Fox Sports utiliza para promocionar la Copa Libertadores es “serás lo que debas ser, o no serás nada”. Desde luego, no todos los hinchas de fútbol hacen literales las palabras y entienden que la vida se extiende más allá de los límites de un campo de juego, pero es un deporte que despierta fanatismos, y en sociedades ávidas de triunfos deportivos para olvidar penurias personales, el discurso puede volverse peligroso.

En nuestro país, ese discurso ha ido descendiendo eslabón a eslabón. Empezó donde siempre comienza a instalarse: en los medios de comunicación. Inmediatistas, urgidos de criticar a todo aquel que no sea un triunfador, sabiendo que las polémicas generan más ruido que las victorias mismas, generan un ambiente caliente constantemente en torno de un partido, un torneo o una situación “tambaleante” de un director técnico. Desde luego no son los medios los únicos responsables; la vida moderna es rápida, urgente, no hay tiempo que perder, y esto se traslada a todos los ámbitos. Los hinchas, alimentados de esa comidilla, reclaman victorias o resultados cada día con más urgencia; los dirigentes han perdido la compostura y no bien se ven apremiados por los resultados y la locura de sus socios y simpatizantes, lejos de poner paños fríos, cortan cualquier tipo de proyecto de trabajo con tal de acallar las voces. Solo un puñado de personas faltaban caer presos de esta locura: los protagonistas del juego; y de varios años a esta parte, lo han hecho.

pelea--620x349El bochorno en el final del ¿amistoso? Disputado entre Estudiantes y Gimnasia el pasado domingo en Mar del Plata, con los jugadores y suplentes tomados a trompadas en pleno césped, no es un caso aislado, sino un fiel reflejo del fútbol que tenemos. Porque si bien no todos los partidos terminan de esta manera, la violencia ejercida entre colegas a lo largo de los 90 minutos de juego demuestra que en el fútbol argentino, el fin justifica los medios. HAY QUE GANAR A CUALQUIER PRECIO.

Hagamos tan solo un recorte de los partidos de este verano. Previo a la gresca del final del partido, en el mismo partido entre pinchas y triperos, Pereyra, jugador de Estudiantes, le provocó conmoción cerebral al lateral de Gimnasia Facundo Oreja, al pegarle una patada en la cabeza en una pelota intrascendente en la mitad de la cancha. Se juega permanentemente con los codos sin siquiera sentir miedo de lastimar al rival, como pasó el pasado viernes cuando fue expulsado el uruguayo Diego Rodríguez en el clásico de Avellaneda. O se reacciona desmedidamente ante una derrota en un partido que no tiene nada en juego, como cuando semanas atrás Sebastián Blanco le arrojó una trompada a su marcador en el clásico barrial entre San Lorenzo y Huracán, enojado por el resultado adverso.

Capítulo aparte para el superclásico. De la Sudamericana 2014 a la actualidad, hemos visto patadas, gas pimienta, gestos a la tribuna, expulsiones, tumultos y más patadas. River goza de su momento venciendo en momentos importantes a su rival siendo traicionero con su historia, imponiendo respeto a golpes y sacando pecho de no ser gallinas. Y Boca puede perder en el resultado, pero de ninguna manera queda bien ante su gente que pierda en el terreno de la violencia, por lo que en los dos cruces veraniegos sus jugadores estuvieron más preocupados por mostrar como “se la bancan” que por vencer el arco de Barovero.

hqdefaultEl sistema que maneja al mundo estructura todas las situaciones en el modelo ganador/perdedor. En ningún aspecto de la vida ser un perdedor está bien visto, y la maldita cultura del aguante que rodea nuestro fútbol legitima el ganar a como de lugar, y si eso no ocurre, al menos conformarse con la desgracia ajena. Y si al de enfrente le va bien, empiezan los problemas en casa. Independiente volvió a la máxima categoría tan solo 12 meses después de descender. No es para nada sencillo volver a Primera División y hacer una buena campaña; de la mano de Jorge Almirón, hizo una buena campaña y mostró tener una línea respetable de juego. Pero salió campeón Racing, lo cual fue intolerable y empaño cualquier acción buena del Rey de Copas.

Con tal de ganar, se han terminado los estilos: a River no le ha importado ganar a lo Boca, en Independiente se aplauden jugadores rústicos que tan sólo 30 años atrás ni siquiera hubieran podido calzarse la camiseta del rojo, Boca ha pasado sus últimos 5 años festejando el descenso de River más que títulos propios, San Lorenzo idolatra al técnico que le dio la ansiada Copa Libertadores pese a haber hecho papelones enormes contra rivales de menor envergadura y de ser ultra conservador; los ídolos son los que meten, y ya no los que juegan. La propia selección es un ejemplo: ponderamos a Mascherano, enorme jugador y de un corazón gigante, pero fundamentalmente un metedor y un corredor, pero criticamos a Messi porque no aparece en momentos importantes (si, eso decimos).

La cultura del triunfalismo trae estas desgracias. El fútbol ya no es un espectáculo en nuestro país, y la importancia del triunfo o de bancársela es más importante que cualquier firulete o que entretener a aquel que esta mirando un partido, en busca de una linda jugadita o una linda pared, como decía Eduardo Galeano. Desde el domingo, Mariano Andújar para más de uno debe ser más héroe por las trompadas que pegó que por haber obtenido la Copa Libertadores en 2009 con el pincha.

Y así el fútbol se nos muere. En el exitismo, en la ceguera de no poder premiar con un aplauso al que juega lindo porque tiene otra camiseta, en andar pensando más en la desgracia ajena que en la alegría propia. Ojalá lo podamos hacer renacer, porque en los que seguimos y amamos este deporte también está sacarlo de este pozo. Que le mantengan el respirador artificial, y que cuando mejore, aprendamos de los errores.

Campeón puede salir uno solo. Pero si el fútbol vuelve a ser un espectáculo y no un escenario que todo vale para no ser catalogado de perdedor, podemos ganar todos.

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