LA CALLE HABLA

Por Juan Alberto Pérez

Los funcionarios del gobierno, con Macri inclusive, son repudiados en cuanto espacio público se presentan. Ante la incapacidad de respuestas eligen la represión para acallar voces. El clima social eleva su temperatura y los ciudadanos de a pie se hacen escuchar.

Desde que asumió en diciembre de 2015 la Alianza Cambiemos se sabe que este espacio de derecha es poco amistoso a la movilización popular, los actos públicos multitudinarios y el acercamiento al ciudadano de a pie. Pero conforme fue pasando el año y medio de gestión, y a pesar de los intentos de “timbreo” y los paseos en colectivo arreglados para el presidente, la cercanía con la gente es mucho más improbable. Esto se debe a que el clima social en la calle está muy espeso de acuerdo a las políticas económicas y sociales que la alianza gobernante desarrolló. La suba indiscriminada de precios en alimentos, los tarifazos de los servicios, la quita en subsidios a los medicamentos de los jubilados, la escasa predisposición a las negociaciones salariales, sumado a la última medida de recorte a los subsidios que poseen las personas con discapacidad, son un cóctel explosivo y peligroso que, por un lado, demuestra la poca sensibilidad social de un gobierno de clase alta; y por otro lado, genera un profundo malestar en el ciudadano de a pie.

Y es justamente este sujeto social, el ciudadano de a pie, quién se expresa sistemáticamente contra los funcionarios públicos de la alianza gobernante siempre que le es posible acceder a uno de ellos. Así es qué, como muestra de esto podemos identificar las manifestaciones de los últimos días contra el mismísimo Mauricio Macri. El día de ayer, 15 de junio, el presidente de la nación, y toda la caterva de funcionarios, se presentó en la estación de trenes de Retiro para la inauguración de la remodelación de la terminal del ferrocarril Mitre. Al llegar se encontró con un abucheo de los pasajeros en tránsito. Desde los típicos silbidos de la cancha hasta un “Macri gato” resonó por el hall central de la estación ferroviaria. Y aunque, este hecho puede sonar como un acto aislado, este mediodía, el presidente y la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, en pleno acto de campaña electoral, se encontraban en la localidad de Tigre visitando comercios cuando se encontraron con un fuerte repudio por parte de docentes y vecinos del lugar que al grito de “abrí las paritarias” y “ladrón” o “devolvé la plata del correo” expresaron su descontento.

Pero esto no queda sólo en Macri y Vidal. Para el jefe de la Ciudad, Horacio Rodriguez Larreta, también hubo manifestaciones públicas de rechazo. La semana pasada se inauguró con bombos y platillos el nuevo Metrobus del Bajo en la avenida Paseo Colón. Para promocionarlo el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se tomó el colectivo 152 junto a una cronista de Telefé. En el momento en qué comienza la nota se lo puede observar a Larreta distraído por un comentario de un pasajero que le cuestionaba el gasto en la obra cuando ya existían los carriles exclusivos para los autobuses. Sin poder responder, y ante la vergüenza pública, decidieron levantar la nota y volver a los estudios, ante la impavidez de un funcionario que no supo como retrucar lo cuestionado.

A toda esta situación se le suman los hechos de creciente violencia que se vienen observando en los actos públicos. Ante la imposibilidad de poder contener este descontento generalizado los funcionarios comienzan a apelar a lo que tienen a mano, que es las fuerzas de seguridad, para intentar acallar las críticas. Por eso, desde hace varios meses se puede ver vallados policiales incomprensibles en cada acto del presidente, o una infinidad de seguridad que rodea el vehículo oficial. A cuyo efectivos no les tiembla el pulso en reprimir a quién se manifieste, puesto que la orden ya está establecida.

Pero hoy se vivió un acto de mayor nivel de intolerancia y agresión. El ministro de justicia y derechos humanos de la nación, Germán Garavano, se presentó en el edificio de la ex Esma, por un acto de apertura del Eje de Derechos Humanos del Programa Justicia 2020. Cuando salía de dicho acto se encontró a los trabajadores del edificio manifestándose y demandando que se abra una negociación salarial ya que su sueldo se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Allí actuó la seguridad de Garavano, quién por medio del uso excesivo de la fuerza intentó liberar el camino del funcionario. Hubo empujones, forcejeos y los trabajadores denuncian golpes de los custodios a hombres y también a mujeres. A todo esto, se viralizó un video del tumulto en el que se puede ver a una funcionaria del ministerio de justicia, Flavia Champa, insultar a los gritos a los trabajadores. “Negros de mierda”, “Villeros” y “Mogólicos” son los improperios que no corresponderían para una funcionaria pública, ya que son términos despectivos y discriminatorios.

Estos hechos demuestran una incapacidad e insensibilidad alarmante por parte de los funcionarios. Porque la calle está hablando, pero no encuentra oídos que quieran escuchar. Porque el gobierno insiste en sus políticas anti trabajadores, en pos generar mayor pobreza en lugar de achicarla, y que produce hambre y miseria. La calle es una olla a presión y no falta mucho para que la explosión sea masiva de rechazo ante una clase dirigente que gobierna para satisfacer intereses de clases dominantes por sobre las clases populares.

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