EL POSADAS: UN EJEMPLO DEL ESTADO CRÍTICO DE LA SALUD

Por Juan Alberto Pérez

Despidos en el Hospital Posadas y el relato sobre los hospitales públicos y la política de salud del gobierno argentino.

Los pasillos de un hospital público son un lugar de tránsito de miles de historias. Todas hablan de la postergación, de la espera eterna, de la falta de recursos, de los últimos espacios que no saqueó el oleaje capitalista de la privatización de la salud. En definitiva, la historia del que padece y del que trabaja para menguar ese padecimiento.

Las historias se cruzan porque se trata de una historia de clase. De pobres, de oprimidos, de enajenados, de trabajadores precarizados. Ser trabajador de la salud en hospitales públicos es un trabajo de riesgo, y si ese hospicio está en el conurbano se vuelve una labor humanitaria como las de las campañas de refugiados de medio oriente o el África negra. Es una lucha constante contra la falta de recursos, contra la imposibilidad de dar respuesta a la inagotable cantidad de personas que buscan mitigar sus necesidades; una lucha contra la inflación y el ajuste que pega de lleno en los bolsillos destrozados por los salarios a la baja; es una lucha contra el sueño acumulado de las interminables noches de guardia y los turnos continuados para cubrir la falta de personal y redondear un sueldo más o menos digno; y cada vez más seguido una lucha contra los despidos y el vaciamiento de la salud pública.

Así está el Hospital Posadas. Ese gigante que se presenta majestuoso al margen de la autopista del Oeste, ahí en la zona de El Palomar. Ese que atiende a miles de personas por día. Espacio donde se contiene desde recién nacidos hasta abuelos, el mismo que cuenta con especialistas en dermatología para aliviar alguna irritación cutánea, o para el tratamiento oncológico. Ese Hospital Posadas que está siendo víctima de un vaciamiento atroz.

Allí el gobierno aplica la medicina que se acostumbró a aplicar en cada uno de los sitios que dependen de su voluntad, aplica despidos, persecución y represión. Son cerca de ciento veinte los despedidos del Hospital Posadas. Un número que se rebalsa de uno mayor que habla de contratos que se vencían y se re negociaron. Que los que quedaron fuera de esa reestructuración deben considerarse despedidos, así, como si nada, “despedidos”.

Y como si fueran delincuentes, mientras se anoticiaban de la mala nueva, de que no hay indemnizaciones a pesar de tantos años de trabajo, de que van a tener que volver a actualizar sus currículum, que volverán a patear las calles en busca de una nueva oportunidad laboral, a pesar de todo eso los trataron como delincuentes, sí leyó bien, ¡Como delincuentes! Si no es así no se comprende la cantidad efectivos policiales armados de escudos, cascos y palos, apostados en el perímetro del hospital.

Estudiar una carrera universitaria tiene una inversión de dos partes. Por un lado, la inversión del Estado que mediante la educación pública forma profesionales para las distintas áreas. Por otro lado, el esfuerzo y l a dedicación que invierte quien quiere profesionalizarse en algún área de las ciencias, por vocación, por convicción o por creencia. Así le sucede a los trabajadores despedidos del Posadas. Una trabajadora, Karina Almirón, publicó en sus redes sociales su realidad. Quince años después de haber ingresado como especialista en inmunohistoquímica se encuentra despedida. “Después de 15 años de trabajar en el hospital Posadas, poniendo mi formación y experiencia al servicio de la salud pública, mi especialización en inmunohistoquímica, haciendo estudios que permiten definir el tratamiento de pacientes con cáncer y otras enfermedades, a pesar de los sueldos miserables, me tocó hoy ser una más de los muchos despedidos del Estado” inició su relato la especialista, quién asume su rol no sólo como profesional de la salud, sino también como trabajadora y reflexiona sobre la realidad que vivimos los argentino “Quieren terminar con el hospital tal como lo conocemos para convertirlo en una empresa privada. Pero también es un ataque a toda la clase trabajadora, porque quieren que los laburantes paguemos sus crisis con nuestro lomo y nuestra sangre. Por eso apelo a la solidaridad de clase de cada trabajador, de cada compañero, de cada hermano de lucha”.

La política sobre la salud pública tiene que ser estatal y trascendente a los diferentes gobiernos que puedan ocupar el poder circunstancialmente. En lo único que se han puesto de acuerdo respecto de la salud todas las vertientes ideológicas es en la desaparición del estado en los espacios públicos de la salud. Hay una falta de inversión alarmante en lo estructural que no permite tener un sistema de calidad y gratuito, y que le abre la puerta a los negocios privados. COmo lo expresa Karina Almirón, profesionales con vocación, con convicciones sobran; recursos humanos no faltan; lo que hace falta es compromiso político para mejorar el sistema.

 

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