VICKI WALSH, PRESENTE

Por Federico Paterno

El 29 de septiembre, pero de 1976 desaparecía María Victoria Walsh, hija del escritor Rodolfo Walsh y militante de la organización Montoneros. Había nacido el 28 de septiembre de 1950 en la Ciudad de La Plata. Fue periodista y delegada gremial en el diario La Opinión. En la clandestinidad su nombre paso a ser “Hilda”.

El operativo de aquel día estuvo dirigido por el coronel Roberto Roualdes y Ernesto “el Nabo” Barreiro, represor de la provincia córdoba, condenado por sus acciones durante la dictadura. Ocurrió en la calle Corro 105 del barrio de Floresta.
Aquel descomunal operativo contó mas de un centenar de soldados del ejército, con tanques, camiones con bazooka, autos e incluso un helicóptero.
El día en que “Vicki” Walsh desaparece, era el día de su cumpleaños, desde la terraza de su casa del barrio de Floresta se defendió hasta su muerte.

Carta de Rodolfo Walsh a Vicki

Querida Vicki: La noticia de tu muerte me llegó hoy a las tres de la tarde. Estábamos en reunión cuando empezaron a transmitir el comunicado. Escuché tu nombre, mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico. No terminé con ese gesto. El mundo estuvo parado ese segundo. Después les dije a Mariana y Pablo: “era mi hija”. Suspendí la reunión.

Estoy aturdido. Muchas veces lo temía. Pensaba que era excesiva suerte no ser golpeado, cuando tantos otros son golpeados. Sí, tuve miedo por vos, como vos por mí, aunque no lo decíamos. Ahora el miedo es aflicción. Sé muy bien por qué cosas has vivido, combatido. Estoy orgulloso de esas cosas. Me quisiste, te quise. El día que te mataron cumpliste 26 años. Los últimos fueron muy duros para vos. Me gustaría verte sonreír una vez más.

No podré despedirme, vos sabés por qué. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizás te envidio, querida mía.

Hablé con tu mamá. Está orgullosa en su dolor, segura de haber entendido tu corta, dura, maravillosa vida.

Anoche tuve una pesadilla torrencial, en la que había una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus límites, que brotaba de alguna profundidad.

Hoy en el tren un hombre me decía: “Sufro mucho. Quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Hablaba por él pero también por mí.

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