Por Juan Alberto Perez

En un contexto de fuerte crisis económica, con la inflación incontrolable, el dólar inestable, acompañada por aumento en el índice de desempleo, cierres de fábricas y comercios, una población más sumergida en la pobreza y el hambre, y un país hiper endeudado; el único objetivo de las acciones políticas es la elección de octubre. Si bien el panorama de candidatos no está del todo claro, una de las pocas definiciones políticas es que Mauricio Macri desea fervientemente presentarse a una reelección y por eso se mueve en estos días para asegurarse el primer lugar en las boletas del espacio Cambiemos.

A pesar del deseo del primer mandatario, su fallida gestión le resta posibilidades aún entre quienes han impulsado su candidatura en 2015 y defendieron su gestión durante estos cuatro años. Mauricio Macri intenta a brazo partido imponerse como el candidato oficialista a pesar de que día a día las encuestas muestran que su imagen está en caída libre, e incluso en los últimos días se conoció una medición que lo adjudicaría como perdedor en un ballotage con Cristina Fernandez de Kirchner.

Las calles muestran un verdadero descontento por la figura presidencial, incluso de quienes lo votaron que se manifiestan arrepentidos de aquella desición. A esto se le suman los empresarios que apoyaron a Macri pero que, al ver el desarrollo de la política económica del gobierno de Cambiemos, han exhibido una constante distancia con la figura presidencial. Si bien coinciden en que no quieren un retorno del kirchnerismo al poder, consideran un fracaso lo que hizo Macri y buscan una figura que tercie entre los dos polos opuestos de la política. Algunos, según se publicó en diversos medios de comunicación en los últimos días, le presentaron su preocupación en persona a Macri y le pidieron que se active el “Plan V” y que la candidatura oficialista a la primera magistratura caiga en manos de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. En dicha reunión, Mauricio Macri redobló la apuesta y les advirtió que ganará un posible balotage a Critstina por 52 a 48.

Cambiemos nació en 2015 como una alianza de partidos políticos con pocos puntos en común pero con la convicción de que juntándose podrían desbancar al peronismo del poder. Por eso, el PRO, la UCR y la Coalición Cívica se unieron en pos de llamar la atención a los descontentos con los 12 años del kirchnerismo para acceder al gobierno. Sin embargo, ya en la gestión, las desiciones políticas y los puestos de importancia en la administración cayeron en manos de los integrantes del PRO y representantes del establishment económico y empresarial del país. Poco lugar han tenido los radicales y los integrantes del partido de Elisa Carrió en las tomas de decisiones del país. En definitiva se despolitizó al gobierno y Macri, y sus laderos, utilizaron la estructura territorial de espacios políticos ajenos para imponer su hegemonía. Esto llevó a que tanto la UCR como la figura de Elisa Carrió, muy respetada en algunos sectores de la sociedad, sea utilizados como mascarón de proa de un gobierno que venía a aplicar un plan de ajuste que indefectiblemente terminaría en la crisis que hoy se padece.

Los radicales han pagado muy caro ese cheque en blanco que le brindaron a Mauricio Macri, ya que nunca tuvieron lugar en la mesa chica de la presidencia, ni siquiera les ha respaldado a sus caudillos territoriales para hacerse fuerte de diferentes distritos. Por eso, llegan a este 2019 en un punto de quiebre con el PRO y la figura de Macri. Desde diversos sectores de radicalismo insisten con romper Cambiemos e ir por una alianza a otro lado, acaso la figura de Lavagna sea la más observada desde el partido de Leandro Alem. En Córdoba el radicalismo no aceptó el designio de Macri en la candidatura de Mario Negri a la gobernación y se impulsa una interna con Ramon Mestre como principal candidato; en Mendoza el gobernador Cornejo busca alejarse de la Casa Rosada e impulsa un candidato propio con criticas en la campaña al contexto general del país; en Jujuy, el gobernador Morales, quizás uno de los más allegados a Mauricio Macri, decidió segregar la elección local de la nacional por el miedo del rechazo generalizado a una boleta encabezada por el presidente.

En el caso de la Coalición Cívica, su principal figura, Elisa Carrió, se imposta como la máxima defensora de la figura de Mauricio Macri, aunque tiene un movimiento zigzagueante en el que parece criticar pero acompañar, incluso a puntos irracionales. Es la principal figura en campaña por los candidatos de Cambiemos. Cuando la alianza de gobierno está en jaque sacan a Carrió a la cancha para que desde su verba empantane cualquier discusión e intente desviar el foco de atención. La más reciente se dio en la previa de las PASO en la provincia de Santa Fe, dónde Cambiemos se ubica en un cómodo tercer puesto detrás del socialismo y el peronismo, allí la diputada advirtió que el voto por el candidato oficialista, Antonio Bonfatti, “es un voto por los monos” en referencia a la banda de narcotraficantes que opera en Rosario. Constantemente apela a chicanas como que si seguíamos en el camino que traía el país el 2015 “íbamos a ser Venezuela”. En un último spot advirtió que de ganar Scioli en 2015 “íbamos a padecer hambre, corrupción e inseguridad” como si no se estuviese viviendo esa realidad en el país.

Los medios de comunicación hegemónicos fueron estos cuatro años un lugar de contención del gobierno de Mauricio Macri. Desde las páginas del Clarín o La Nación, desde el portal Infobae, desde la pantalla de TN o América, desde el discurso de Majul, Lanata y hasta Mirtha Legrand, se dio respaldo a la gestión de Cambiemos y se buscó desviar el foco de atención en la persecución a la oposición. Sin embargo, no todo dura para siempre. Y menos cuando todo indica que el poder se le escurre de las manos a Macri. Por eso, de a poco se empiezan a despegar de la figura presidencial y pretenden instalar otros candidatos, amables para con sus intereses, que puedan representar una alternativa para continuar el establishment en los lugares de poder.

El presidente se encuentra en un fuerte dilema. Por un lado, debe intentar convencer a los propios de que él es el candidato ideal para retener el poder, algo que le está constando en demasía porque a pesar de intentar un cambio de imagen que lo muestre al mando, la situación ya se le desmadró y la crisis es irrecuperable a esta altura. Por otro lado, tienen que lavar su imagen frente a un electorado al que le prometió el oro y el moro y poco cumplió. De todas maneras sigue apelando a las mismas recetas: Videos en las redes sociales que cada vez tienen menos de espontáneos, entrevistas con medios afines y periodistas que le tiran centros para que él la pare de pecho y discursos en los que apela a la tan mencionada herencia para limpiarse de culpas por las situación actual de los argentinos.

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