IN-VISIONARIOS A LA FAKE NEWS

Por Federico Firpo

Hace aproximadamente un año, se planteaba a modo de campaña, que un nuevo Gobierno sabría poner fin a las noticias engañosas. Sin embargo y en plena pandemia, la monopolización de la mentira parece haberse vuelto vedette principal.

 

Quienes gustamos de analizar los contenidos de las historias por detrás de cada noticia, no podemos dejar de advertir la necesidad de algunos pocos, con mucho de Poder comunicacional, en su insistencia por generar el caos y la angustia a expensas de una sociedad latentemente violentada. A casi 12 meses de aquellos anuncios que suponían el intento de un giro hacia la neutralidad periodística, seguimos siendo testigos de las operaciones mediáticas, esas mismas que a todos nosotros suelen ser presentadas bajo el título “fake news”. Pero cómo trabajar al respecto, en un mundo si bien globalizado, sin embargo cada día mas corporativo, más monopólico y, por ende, tendiente a una mayor concentración de los medios, de los cuales, lógicamente, los vasos comunicacionales lejos están de ser la excepción.

Algunos lo llaman “periodismo de guerra”, otros prefieren identificarlo en los términos de “posverdad” y al extremo están quienes se atreven a dudar de la neurociencia, en tanto invasora al límite de nuestras capacidades cerebrales. Probablemente, haya nacido también, una suerte de aprovechamiento hacia lo que dejan una serie de redes sociales, que invitan a uno a mostrar permanentemente los valores de la vida privada.

Se ha hecho tan fuerte el valor de las comunicaciones que, así como antaño la palabra de un Doctor era santa e intachable, hoy muchos periodistas devenidos en comerciantes de la información al mejor postor, pasan a ser la muestra más directa de las implicancias por polarizar desde arriba la división entre los de abajo. No interesa ya lo que se diga, lo que se eleva en el apetito de las mentes, es la urgencia por recibir algo de que alimentar habladurías contra un otro con el cual nunca lograremos identificarnos.

Estamos ante el fin de la repregunta cuándo el candidato es el que al medio más le interesa difundir. Resulta difícil, por no decir casi imposible, encontrar periodistas rebeldes (cuando debiera esta ser la cualidad sine qua non que los constituya como verdaderos profesionales), la investigación se ha convertido en un simple chimento a los fines televisivos. En Argentina y en Bolivia, por caso, lo explícito ha sido puesto a la orden del menú. Y midiendo a la inversa, es que podemos ver el claro que la opereta nos va dejando. Muy sencillo, pongamos como ejemplo a Macri y a Evo Morales. Uno de ellos teniendo un fotógrafo adentro de su casa para mostrar lo hermoso de poner el árbol de navidad junto con su pequeña hijita, al otro inventándole un crío extra matrimonial, a manera de difamación. Pequeños detalles, comparados con la aceleración con la que el motor de esta máquina ruge dispuesto a hacerse escuchar. Pero siempre, con el mismo mensaje, lo que tiene olor a pueblo es sucio, el ciudadano es transparente. Civilización y Barbarie un poroto…

No parece tan difícil generar “fake news”, de allí lo trascendental de poner bajo la lupa todo margen de evidencia que por mentira se nos quiera imponer. Volviendo sobre Bolivia, se ganó democráticamente a un Golpe, por más de 20 puntos, sin embargo, para las consultoras bolivianas se esperaba un empate técnico. Peor aún, según los grandes medios corporativos de la Argentina, las elecciones iban a ser favorables al referente puesto por los gobernantes de facto. Claro está que hablamos de los mismos canales qué, tanto en uno como en el otro país, no replicaron en ningún momento acerca de la concepción de un Golpe de Estado, mucho menos de dictadura o de Presidenta de Facto en la patria del altiplano. Por su parte, el ex Primer Mandatario argentino no escatimó esta semana a la hora de contar que según su criterio, su Gobierno económico había terminado el 12 de Agosto de 2019, tras perder las PASO. Obviamente los periodistas amigos no le recordaron de las medidas que éste personaje tomó en lo obscuro de sus últimas horas, léase; “cepo” al dólar, freno a los tarifazos por él firmados anteriormente, aumentos en planes sociales (tanto en lo que atañe al monto económico, como la cantidad de sus receptores), todas medidas qué, según el mismísimo Macri, solían ser defenestradas por populistas, representando en su mirada la peor cara de la política. Los periodistas asentían con su cabeza, ajam.

Juguemos un rato a generar nosotros una noticia engañosa: supongamos que el medio más importante de la Argentina se constituyó como tal en una sala de torturas y que bajo su Poder extorsivo convenció a un periodista anti-neoliberal de convertirse en el dueño de los “prime time”, bajo la condición de transformarse en el primero de los neoliberales, porque de lo contrario se difundirían a nivel internacional las fotos y videos que lo vinculan con una modelo menor de edad. Y pensemos ahora que, sobre la base de un espionaje supuestamente chequeado, éste y otros periodistas supieron hacerse de inventos para inculpar a una serie de gobernantes ligados a lo popular.

Se imaginan lo que pasaría si estas personas fueran legalmente puestas en duda. Todavía no ha sucedido, pero por las dudas algunos de ellos ya abrieron el paraguas, evitando se mojen sus colas de paja.

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