Por Eduarda Zåitsev
Murió Ricardo Iorio. Según las noticias que llegan, a raiz de un paro cardíaco, mientras era trasladado en ambulancia luego de haber manifestado un fuerte dolor en el pecho.
El polémico artista, que formara parte de tres bandas icónicas del «Metal Pesado Argentino» (V8, Hermética y Almafuerte), dejó este plano para ingresar en el Parnaso de la música y la poesía nacionales.
Autor y compositor de obras emblemáticas de la talla de «Cuando duerme la ciudad», «Olvídalo y volvera por mas», «Sentir indiano», «Lucero del alba», «Sé vos», «Homenaje» y tantas otras que quedarán en la historia de la cultura del país, Iorio había nacido en el seno de una familia trabajadora del Oeste del conurbano bonaerense y a través de sus canciones retrató fielmente la realidad social de su entorno de origen.
Agudo poeta, desde muy joven fue un lúcido observador del acontecer de sus alrededores y, gracias a su capacidad de síntesis, logró plasmar en sus obras tópicos de contenido filosófico en un lenguaje suburbial con el cual se ganó el reconocimiento y la admiración de cientos de miles de personas que se sintieron y se sienten reflejadxs en sus letras.
Fiel intérprete del sentido común de su pueblo, despertó el amor y el odio por partes iguales debido a que, en sus expresiones a lo largo de toda una vida de vorágine, intentó amalgamar en una melange estética efectiva, razonamientos que abrevaron en el anarquismo mas altruista, pasando por toda la gama ideológica intermedia, para abrazar un nacionalismo popular y rozar a veces el fascismo mas acérrimo.

Con todo, Ricardo Iorio ingresa hoy en el panteón de lxs grandes de estas tierras y su obra seguirá entre nosotrxs como «lluvia de patios, metal pesa´o que en los chaperíos suena».
