Por Carlos Arenas
Atravezamos los yuyos que doblan nuestra altura. En un impenetrable potrero urbano, buscamos lo sagrado, lo que muchas veces la mirada de sapiens pasa por alto, crece bien abajo, abrazado a las raices; besando y bendiciendo el suelo. Atravezamos el monte de espinas, buscando lo sagrado. Lo que para muchos es solo madera, para nos es el hogar del canto alado. Atravezamos los campos envenados, mis ancestros; mi niño interno y yo, buscando la sagrada resiliencia, la sagrada resistencia. Finalmente la encontramos. «Lo mío es la tierra, aunque la tierra no sea mía… ¿pero de quien es la tierra? Iba a responderme que Yo Soy de la tierra, pero ni eso, somos mutuos». «Tal vez soy mi madre» acotó el cacique Gancia leyendo mis pensamientos. «Tal vez soy uno con mi madre y estoy urgulloso de ella» continuó mientras partía una tarta de su huerto para convidarnos.
