GANÓ MACRI, PERDIERON UN POCO TODOS

La sociedad eligió a un nuevo presidente. Mauricio Macri se alzó con el 51% de los votos. El triunfo se debe al voto bronca, a los errores del peronismo, la alianza con la UCR y el apoyo mediático. Se vislumbra un futuro poco optimista para el campo popular con una fuerza de gobierno ultra conservadora y elitista. La lucha continúa día a día. Por Juan Alberto Perez

Y finalmente llegó el día D. La decisión acerca del nuevo Presidente de la Nación estaba en manos del pueblo que debía elegir en el balotaje entre dos nombres. Por un lado, el liberal de centro devenido en peronista “socialista” Daniel Scioli; por otro lado, el neo liberal de derecha Mauricio Macri. Este sistema electoral que llevó a los argentinos a decidir en tres ocasiones quién sería el sucesor de Cristina Fernandez de Kirchner (CFK) los próximos cuatro años, este 22 de noviembre dio sentencia definitiva. Mauricio Macri es el nuevo presidente de la nación. Logró quedarse con alrededor del 51% de los votos, lo cual representa un poco más de doce millones ochocientos mil votos. La diferencia con Daniel Scioli no llega al millón. Lo cuál deja una cancha marcada, super dividida y compleja en términos políticos para el próximo gobierno.

Sin embargo, el análisis que debe empezar a realizarse no tiene que ser cuantitativo, de si la diferencia no fue tal, de que si los números no legitiman a cuál; sino cualitativo, respecto a qué se votó y porqué se eligió de este modo. En primer lugar, este proceso eleccionario de 2015 deja claro una cuestión que es la división que tiene la sociedad Argentina. Mitad del país eligió un cambio de color político y la otra mitad esta en favor de la continuidad del famoso “modelo” que gobernó los últimos doce años. En segundo lugar, es materia de opinión el entender que lo que marcó la diferencia para que el resultado sea el que fue es el “voto bronca” o el “voto anti” algo. Por eso, es difícil pensar que Macri llega al gobierno con un amplio respaldo popular que le permita de buenas a primeras realizar cambios estructurales profundos sin que esto tenga una resonancia en la militancia y en la sociedad. Se puede pensar que se votó con la cabeza puesta en más en el hastío que ha generado un gobierno luego de 12 años en el poder, que lo que ha podido traccionar desde sus propuestas y su discurso Macri.

Por otro lado, es interesante pensar que sucedió en las entrañas mismas del peronismo. El movimiento fundado por Perón hace casi 70 años, ha sido el gran protagonista de la política nacional en todo este tiempo, y mucho más desde la recuperación de la democracia en 1983 hasta ahora. Siempre sostuvo su cuota de poder, aún cuando el radicalismo o la Alianza fueron gobierno. Sin embargo, aquí se vio que no pudo sostenerse. Y esto es producto de diversas cuestiones. En principio hay que tener en cuenta que el PJ- y todas sus vertientes incluida el kirchnerismo- es un movimiento altamente personalista, donde el poder es caudillesco. Siempre ha sido el líder carismático quien impulsa a la militancia y a las masas para poder detentar el poder. Así fue Perón, así fue el mismo Menem cuando ganó su primera elección y así han sido Néstor Kirchner y Cristina Fernandez. Todos líderes carismáticos que traccionaban al movimiento. He aquí una cuestión central, al tener una figura tan fuerte se hace difícil el surgimiento de alternativas dentro del mismo movimiento que lleguen a enamorar a propios y extraños. La aparición de los cuadros políticos que puedan suceder con la misma efectividad y convencimiento que los caudillos no ha funcionado. Le paso a Cámpora, le pasó a Duhalde y hoy le pasó a Scioli. Más allá de las diferencias que puede haber entre estos nombres, las lógicas se repiten. La sucesión de los caudillos dentro del peronismo no tiene el mismo éxito.

Otro punto importante, la fractura interna del PJ. Y aquí retomaremos la idea anterior. Cristina era una figura de consenso dentro de la militancia y de los seguidores del peronismo. Scioli no pudo sostenerlo. Los kirchneristas puros lo miraban de reojo y a los peronistas tradicionales -muchos de ellos en disidencia con CFK- no los pudo reagrupar tras él. Massa y De la Sota por un lado, parte de los gremialistas de mayor peso (Moyano y Barrionuevo) por otro. También es notorio la poca capacidad del kirchnerismo de poder impulsar un candidato con más aceptación dentro del movimiento. Cristina intentó hasta el cansancio encontrar una alternativa más potable a su gusto que la de Scioli, casi lo logra con Florencio Randazzo, pero de buenas a primeras terminó apoyando al gobernador de la provincia de Buenos Aires, dejando de lado a uno de sus más fieles dirigentes políticos. Así es que Daniel Osvaldo nunca pudo ser la figura de consenso, el líder político, el caudillo que reúna voluntades y pueda renovar la cuota de poder histórico del movimiento fundado por Perón.

A los radicales hay que darles un párrafo aparte en este análisis. Cuando muchos pensaban que la UCR finalmente había desaparecido, que no tenía poder ni forma de llegar a gobernar después de los fallidos de Alfosín y De la Rúa, hoy se revirtió tal visión. Y esto es porque ha jugado un rol fundamental para la victoria de Macri. El PRO antes del acuerdo con la UCR y la Coalición Cívica, no era más que un partido vecinal que nunca había presentado candidatos en otro distrito que no sea la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y alguna participación en Santa Fé con Del Sel. Pero al concretar la alianza se hizo de una estructura a nivel nacional muy fuerte como es la de los radicales, que le permitió poder proyectar una candidatura con alguna aspiración de gobierno. Y por otra parte, a los radicales les faltaba esa figura con conocimiento público que les permita poder acomodarse otra vez en la primera plana de la política nacional. Lo habían intentado con Sergio Massa, pero después de una fractura interna quedaron a merced de Macri para apoyar su candidatura. Y hay que mirar que tan mal no les fue porque la UCR pudo tomar para posesión en Jujuy y Mendoza, además de varias intendencias y escaños en el Congreso. Es probable que la victoria de Maria Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires también se deba en gran parte a la presencia de la UCR. Ya que en el interior de la provincia este espacio político aún arrastra voluntades. Habrá que ver de ahora en más como juega esta alianza electoralista en el tironeo de poder que conlleva el gobernar. Si los radicales irán a pedir su parte del botín a Macri por su cuota en la victoria, y si este está dispuesto a ceder parte de poder.

La izquierda en este panorama político terminó muy diezmada y disminuida producto de una mala planificación de la campaña electoral que seguramente hará replantear las estrategias a futuro. En primer término, el problema histórico de los partidos de izquierda, la división y la segregación. En las PASO hubo al menos tres listas de partidos minoritarios de izquierda intentado romper el piso de 1,5% para poder llegar a la primera vuelta. Además, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) que en el último tiempo fue el espacio con mayor aceptación popular y crecimiento a nivel nacional, tuvo la pésima idea de presentar dos listas internas en las primarias; así arriesgó la posibilidad de pasar esa instancia electoral. Luego, en la primera vuelta hubo poca capacidad de pragmatismo y de unión con las fuerzas que quedaron a un lado. En las urnas se notó un retroceso en los votos conseguidos ya que no pudieron igualar el millón de votos obtenidos en 2013 y tampoco la cantidad obtenida en las PASO. Y por último, y de cara al balotaje llamaron a que los militantes y los electores de izquierda voten en blanco. Aquí hubo un nuevo revés para este espacio. Con más del 99% de las mesas escrutadas el voto en blanco fue de alrededor de 300 mil personas. Eso significa una considerable caída del apoyo a las decisiones dirigenciales del partido. En fin, se vienen momentos difíciles para la izquierda, debido a que el tener al peronismo como partido de oposición probablemente eclipse un poco a todos los otros espacios alternativos.

Finalmente, es indiscutible que el gran ganador de esta elección es el “cuarto poder”, los medios de comunicación. Los medios, sobre todo los hegemónicos, desde hace ya varios años vienen mostrando los hilos ideológicos que tienen. Sin ir al punto común del Grupo Clarín, existen muchos ejemplos de medios y periodistas claramente opositores y anti kirchneristas que han jugado un rol fundamental en esta campaña. Instalaron la figura de Mauricio Macri desde el día 1 de campaña. Han denostado en gran medida a Daniel Scioli y sobre todo a Cristina Fernandez y lo que representa La Cámpora como espacio de militancia. Han sido los portavoces de los intereses económicos detrás de las campañas políticas. Jugaron su rol y ganaron. Es probable que en la próxima etapa sean recompensados con pautas publicitarias y hasta la promulgación de una nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que favorezca a las empresas corporativas de medios.

En Argentina hay nuevo presidente, es Mauricio Macri. Por los próximos cuatro años habrá un gobierno que a priori parece altamente anti popular, clasista y conservador. Serán tiempos difíciles para los movimientos sociales y el campo popular. Sin embargo, hay algo en que no tengo dudas, la lucha continúa en las calles y con el pueblo como herramienta principal.

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