INFORME DE UNICEF SOBRE ADOLESCENCIA: UNA LECTURA DE GÉNERO

Por Ludmila Fernández López

Unicef presentó ayer un informe sobre adolescencia en Argentina, titulado “Para cada adolescente, una oportunidad”. En nuestro país hay más de cinco millones y medio de adolescentes, de los/as cuales medio millón no va a la escuela y de los que ingresan al secundario, solo la mitad lo termina. Aunque el documento no tiene ninguna sección dedicada especialmente a problematizar la cuestión de género, proponemos una lectura “violeta” de las desigualdades entre mujeres y varones –las otras identidades posibles no están contempladas en el informe- que se verifican en los datos relevados.

Una de las desigualdades más profundas entre adolescentes varones y mujeres es que entre los primeros, un 12,9% ha tenido que dejar sus estudios para dedicarse a tareas domésticas y de cuidado, mientras que entre las mujeres la cifra asciende a un 42,1 %. Este trabajo no remunerado, históricamente designado al género femenino, compone una masa de adolescentes identificadas en los medios de comunicación como “ni-ni”, como si no estudiaran ni trabajaran, cuando en realidad están cumpliendo un rol fundamental para la subsistencia de sus familias y para la reproducción de la fuerza de trabajo.

Otro dato clave para leer las desigualdades son las cifras de embarazo adolescente, que no sólo sobrecargan a las mujeres por los motivos biopolíticos que hacen recaer todo el peso del embarazo sobre ellas, sino también porque falta concientización hacia los varones adolescentes respecto a las responsabilidades que a ellos también les caben cuando asumen, o deberían asumir, la paternidad. El porcentaje de nacimientos anuales que provienen de mujeres adolescentes es de un 15%, y entre ellas hay 3 mil menores de 15 años, lo cual implica necesariamente una situación de abuso sexual o una violación, ya que no se reconoce que pueda haber una relación sexual consentida por debajo de esa edad. Este panorama no sólo incide negativamente en los cuerpos y la salud de las mujeres, sino que también coarta sus posibilidades a futuro: 1 de cada 4 madres adolescentes no logra completar la escuela primaria. Además, las jóvenes también abandonan los estudios para cuidar a hermanos menores, lo cual vuelve a poner en evidencia el daño que produce el desigual reparto de las tareas y la asociación constante de las mujeres con los cuidados como si fuera algo natural.

En relación a los embarazos, Unicef señala que los y las adolescentes no tienen acceso adecuado a los métodos anticonceptivos, y que la cantidad de embarazos aumenta a medida que bajan las condiciones socioeconómicas familiares de las jóvenes. En este sentido, la adolescencia es una de las franjas etarias más castigada por la pobreza: cuando en Argentina 1 de cada 3 personas son pobres, la estadística aumenta a casi 1 de cada 2 cuando se habla de adolescentes. La situación recrudece en las regiones NEA, Cuyo y Centro del país.

Otra información que puede leerse desde una perspectiva de género son las altas tasas de mortalidad: en 2015, murieron en Argentina 10 adolescentes por día. Las cifras de muerte de varones son dos veces más alta que las de las mujeres, y responden a causas externas como accidentes de tránsito y agresiones, donde los varones se encuentran mucho más expuestos por motivos vinculados a la construcción de sus masculinidades. Es en esta etapa que los jóvenes terminan de definir su masculinidad, interpelados permanentemente por discursos –mediáticos, publicitarios, educativos, familiares- que los desafían y fuerzan a construirse desde una masculinidad hegemónica, la cual se asocia a la violencia, las conductas temerarias y el desprecio por el cuidado de sí mismos. Todos estos indicios permiten entender el porqué de las cifras tan altas en las muertes masculinas, donde también el suicidio es una de las causas principales, donde 3 de cada 4 son cometidos por varones. Respecto a las causas de muerte en mujeres, aunque el estudio no brinda información específica, debemos recordar que hace un mes la Corte Suprema de Justicia de la Nación publicó un informe donde se da cuenta que la mayoría de las víctimas de femicidio son jóvenes, así como sus victimarios, por lo que la violencia de género es uno de los flagelos que impacta con más fuerza sobre las adolescentes.

Otros datos relevantes del informe corresponden al trabajo remunerado: “Un 16,3% de los adolescentes que trabajan exceden los parámetros fijados por la legislación en cuanto a jornada de trabajo permitida (36 horas semanales) y el 6,1% realiza trabajo nocturno, situación también prohibida por la ley” (p. 61). También se señala un problema respecto a los castigos físicos, todavía aplicados sobre 1 de cada 3 adolescentes, por más que solo uno de cada 25 adultos/as declara estar de acuerdo con este tipo de disciplina.

Respecto a la violencia institucional, los jóvenes varones son los más castigados por la Policía, aunque Unicef señala que no hay datos suficientes para dar cuenta de esta problemática. Además, el organismo denuncia que “El ‘Régimen Penal de Minoridad’ vigente en la escala nacional no es consistente con los mandatos de la Convención sobre Derechos del Niño ni con la Ley de Protección Integral”.

Por último, el informe denuncia la falta de designación de un/a Defensor/a de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, cargo que debía ocuparse con la sanción de la ley 26.061, y 12 años después continúa vacante.

Para acceder al documento completo, clic aquí.

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