“CONSTRUIR UNA NUEVA ARGENTINA…” ¿OTRA VEZ?

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En su primer discurso, o mejor dicho, en su primera aparición pública como presidente electo, Alberto Fernández nos llama a “construir una nueva Argentina”, con “otro orden, con otra lógica” y da la sensación de que eso es una película ya vista. Después de citar la “clarividencia” de la ex presidenta para advertir que “los tiempos que vienen no son fáciles” y de, en tono de pastor evangelista, rasgarse las vestiduras prometiendo que bregará porque “los argentinos dejen de sufrir”, invocó la memoria del difunto Néstor Kirchner para agradecerle (donde quiera que éste se encuentre), por haberle dejado formar parte de aquel gobierno que emparchó el capitalismo en el país y logró mantenerlo a flote hasta el 2015.

Por Ivan Fierro para ANCAP 

A continuación habló de volver a producir y prometió la reactivación de innumerables pequeñas y medianas empresas que se encuentran paralizadas como consecuencia de las políticas de vaciamiento y saqueo del gobierno actual. Para ello apuesta a reeditar las mismas recetas que, sabemos, son sólo paliativas de crisis estructurales y recurrentes que cíclicamente golpean a la población sumiéndola en estados de pauperización similares a los que vivimos hoy. Por último, enfatizó que eso de “construir una nueva Argentina no lo van a hacer Alberto y Cristina” sino que “lo vamos a hacer todos y todas”. Pero eso es también una película ya vista y, seguramente, que el pueblo argentino hará siempre el sacrificio de construir la Argentina que las clases dirigentes, aliadas de los monopolios se empeñan en destruir cada diez, quince o veinte años. Hace más de cien años se consagró en el país el derecho y el deber del voto universal, secreto y obligatorio, y aunque sólo hace sesenta y siete que pueden hacerlo las mujeres, cada vez que el pueblo fue convocado a las urnas cumplió sobradamente su obligación e hizo uso de su derecho cívico con la esperanza de construir esa nueva Argentina.

Pareciera que al entrar en la democracia moderna les argentines entramos también en un círculo vicioso que nos impide realizarnos completamente como sociedad, porque cada vez que elegimos gobierno con la ilusión de construir una nueva Argentina, éstos fracasan por sus contradicciones internas, son derrocados por dictaduras o triunfan en su verdadero propósito de destrucción luego de ganar y traicionar la confianza de sus electores por medio de mentiras, fraudes y campañas marquetineras. Desde 1916 hasta la fecha hemos cifrado nuestras esperanzas de constructores en “arquitectes” o “maestres mayores de obra” que, a juzgar por su desempeño, hubiesen sido menos nocives para la obra desempeñando el rol de peones de albañil.

Desde 1916 hasta hoy la sociedad Argentina tuvo la oportunidad de elegir presidente en elecciones más o menos limpias sólo diecisiete veces. Diecisiete oportunidades de construir esa nueva Argentina que hoy propone Alberto Fernández, “con un nuevo orden, una nueva lógica”. Y cabe preguntarse ¿qué orden, qué lógica? ¿La del director de sumarios y sub director general de asuntos jurídicos del ministerio de economía de Raúl Alfonsín? ¿La del súperintendente de seguros de la nación de Carlos Ménem? ¿La del vicepresidente del grupo BAPRO o la del presidente de Gerenciar Sociedad Anónima del gobierno bonaerense de Eduardo Duhalde? ¿La del fundador del grupo Calafate en la misma época? ¿La del jefe de campaña de Néstor Kirchner? ¿La del jefe de gabinete del fueguino y también de su esposa? ¿La del legislador en la ciudad de Buenos Aires de “Encuentro por la Ciudad” de Domingo Cavallo? ¿La del defensor de las patronales del campo en 2008? ¿La del opositor de Cristina y aliado de Mazza? Y otra vez ¿qué orden? ¿qué lógica?. Alberto Fernández propone revisar la sentencias a ex funcionaries K en causas de corrupción; renegociar el acuerdo con el FMI; despenalizar el aborto; recrear los ministerios de ciencia y tecnología, salud y trabajo; crear los de vivienda y de la mujer; controlar capitales golondrinas; desdolarizar tarifas de servicios públicos; eliminar retenciones a la exportación de productos con valor agregado; revisar el acuerdo Mercosur Unión-Europea; apoyar salida dialogada de la crisis política de Venezuela; acercarse a Rusia y China. En definitiva, el presidente electo propone cambiar algo para que nada cambie y nos advierte que les que vamos a poner el lomo somos “todos y todas”.

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