SURFEANDO LA OLA DEL NEOLIBERALISMO

Por Ernesto García

Mientras el conspiracionismo delirante y el cientificismo ingenuo se debaten los motivos, el origen y las posibles soluciones a la pandemia, la Humanidad como el Titanic va camino a la destrucción. Aunque la actual pandemia de Coronavirus sea un plan a nivel planetario ideado por los Iluminati para instaurar el nuevo orden mundial; un virus creado en los laboratorios de Umbrella Corporation o consecuencia del desastre ambiental generado por el hombre, en el fondo, sea cual sea su causa, no es más que producto de la irracionalidad. Irracionalidad de un sistema, de una organización social y económica más letal que cualquier virus. Las múltiples formas en que se ejerce la violencia, el incesante aumento de la desigualdad, los daños al ambiente y a los seres que habitan la Tierra, la violación de los derechos humanos, la militarización de los territorios o el impacto de una pandemia sobre el tejido social, especialmente en sus sectores más vulnerables, son las consecuencias de un capitalismo salvaje donde no hay barbijo, vacuna o distanciamiento social que pueda pararlo.

Noam Chomsky, en Internacionalismo o extinción, nos habla de la inminencia del Apocalipsis, advirtiendo de un momento único, crítico, de la historia de la Humanidad, con la confluencia de una crisis de extraordinaria gravedad, crisis política, social, tragedia medioambiental y desmoronamiento de la democracia. Chomsky, nos alerta sobre la posibilidad cierta de un exterminio, de cómo se  adelantan las agujas del reloj del Apocalipsis y que gran parte de la perversidad de los últimos 40 años son consecuencia del asalto neoliberal a la población mundial. Fueron los gobiernos de Reagan y Thatcher los que se propusieron destruir el movimiento obrero, el principal obstáculo para que los amos de la economía alcanzaran un brutal dominio de clase. Estos mismos principios fueron los que inspiraron el entusiasta apoyo neoliberal a las espantosas dictaduras en América Latina. Las consecuencias eran predecibles. Una fuerte concentración de la riqueza junto con el estancamiento de gran parte de la población, que en el ámbito político se vio reflejado en la socavación de la democracia.

Con el comienzo de la pandemia se dio en el mundo entero un debate entre filósofos y cientistas sociales, sobre cómo sería la pospandemia y el poscapitalismo. Entre los más optimistas está el filósofo Zizek quien auguraba que la pandemia le daría un golpe “a lo Kill Bill” al capitalismo y tendría lugar una reinvención del comunismo basado en la confianza, en la solidaridad y en la ciencia. Por su parte, el surcoreano Byung-Chul Han respondería que, tras la pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza, ya que el virus nos aísla, individualiza, no genera sentimientos colectivos y traerá aparejado más control de los Estados. Sin embargo, lo que vemos es que se ha profundizado la desigualdad, la riqueza ha seguido aumentando y concentrándose vertiginosamente en el 1% de la población mundial, mientras millones caen en la miseria y la indigencia.

Esta brecha entre cada vez menos ricos y más pobres no solamente crece cada día en términos económicos, sino también, que se refleja en la desigual distribución de vacunas en el mundo. El director general de la OMS, Tedros Adhanom, alertó sobre la creciente disparidad en las cifras de vacunaciones contra el covid-19 entre los países ricos y pobres, y lo poco que se ha hecho para garantizar la distribución equitativa de las vacunas en todo el mundo y para evitar lo que calificó como un «fracaso moral catastrófico». Por otro lado, los manejos de las empresas farmacéuticas están haciendo aún más difícil el acceso universal a las vacunas. En este sentido se llama a que tanto los Estados, como las empresas farmacéuticas participen de las iniciativas globales en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para facilitar la producción de vacunas contra el COVID-19, liberando temporalmente patentes y compartiendo tecnología y resultados de investigación. El director general de la OMS instó a los países a que produzcan sus propias vacunas contra el COVID-19 renunciando a la propiedad intelectual, con el objetivo de combatir la escasez de dosis a nivel mundial, ya que muchos países con capacidad de fabricación pueden empezar a producir sus propias vacunas renunciando a los derechos de propiedad intelectual, según lo previsto en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio. Es necesario que los laboratorios que producen vacunas levanten sus patentes, pero desafortunadamente muchos países europeos y Estados Unidos, no están interesados en avanzar en este sentido.

Según OXFAM a un año de la pandemia, la mayoría de los países en desarrollo aún no han podido administrar ni una sola dosis de la vacuna, mientras que los países ricos han vacunado a su población a un ritmo de una persona por segundo durante el último mes y la mayoría de estos países ricos, como Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea, están bloqueando la propuesta presentada por más de 100 países en desarrollo, que se debatirá en el seno de la Organización Mundial del Comercio, y que permitiría acabar con el monopolio de las empresas farmacéuticas y aumentar la producción de vacunas seguras y eficaces contra el COVID-19.

Mientras, en tan solo nueve meses, las mil mayores fortunas del mundo ya habían recuperado las pérdidas económicas originadas por la pandemia de COVID-19, en tanto que las personas en mayor situación de pobreza podrían necesitar más de una década para recuperarse de los impactos económicos de la crisis, según el nuevo informe de Oxfam. El informe revela que la pandemia de COVID-19 tiene el potencial de aumentar la desigualdad económica en prácticamente todos los países del mundo al mismo tiempo; una situación sin precedentes desde que empezara a registrarse este tipo de datos hace más de un siglo. El aumento de la desigualdad podría provocar que la humanidad tarde como mínimo 14 veces más en reducir la pobreza hasta el nivel previo a la pandemia que el tiempo que han tardado las mil personas más ricas del mundo (en su mayoría hombres blancos) en recuperar su riqueza.

Por otra parte, un informe de Oxfam muestra cómo nuestro sistema económico fallido permite que una élite súper rica continúe acumulando riqueza en medio de la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, mientras miles de millones de personas se enfrentan a grandes dificultades para salir adelante. El informe también revela cómo la pandemia está profundizando las históricas desigualdades económicas, raciales y de género. La recesión ya ha acabado para los más ricos. Desde el inicio de la pandemia, la fortuna de los 10 hombres más ricos del mundo ha aumentado en medio billón de dólares, una cifra que financiaría con creces una vacuna universal para el COVID-19 y que garantizaría que nadie cayese en la pobreza como resultado de la pandemia. Al mismo tiempo, la pandemia ha desencadenado la peor crisis laboral en más de 90 años, y cientos de millones de personas se encuentran subempleadas o sin trabajo.

A nivel mundial, las mujeres están sobrerrepresentadas en trabajos mal remunerados y precarios, que han sido los que más se han visto afectados por la crisis de COVID-19. Si la presencia de hombres y mujeres en dichos sectores fuese totalmente equitativa, 112 millones de mujeres dejarían de tener un riesgo elevado de perder sus ingresos o empleos. Al mismo tiempo, las mujeres constituyen aproximadamente el 70 % de la fuerza laboral a nivel mundial en el ámbito de la salud y la atención social, empleos esenciales pero a menudo mal remunerados, que además las exponen a un mayor riesgo de contraer el virus.

Asimismo en Brasil, las personas afrodescendientes tienen un 40 % más de probabilidades de morir a causa de COVID-19 que las personas blancas, mientras que en los Estados Unidos, si la tasa de mortalidad de las personas de origen latino y afroamericano hubiese sido la misma que la de las personas blancas, aproximadamente 22.000 personas negras y latinas aún seguirían con vida. Las zonas más pobres de países como España, Francia e India presentan tasas de infección y mortalidad más elevadas. En el caso de Inglaterra, las tasas de mortalidad de las regiones más pobres duplican a las de las zonas más ricas.

Según el informe la clave para lograr una rápida recuperación económica frente a la pandemia es la adopción de modelos económicos más justos. La aplicación de un impuesto temporal sobre los beneficios excesivos obtenidos por las 32 multinacionales que mayor riqueza han acumulado desde que comenzara la pandemia habría permitido recaudar 104.000 millones de dólares en 2020, cantidad suficiente para financiar prestaciones por desempleo para todos los trabajadores y trabajadoras, así como para proporcionar apoyo económico a todos los niños, niñas y personas mayores de los países de renta media y baja.

Sin embargo, solamente un reparto equitativo de la riqueza no nos protege del derretimiento de los casquetes polares, ni de la escalada de incendios que están liberando enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, ni de los otros pasos que estamos dando hacia la catástrofe. Poco a poco están desmantelando sistemáticamente el sistema regulatorio que mitiga un poco el impacto destructivo del uso de combustibles fósiles y que protege a la población de los químicos tóxicos y la contaminación, una maldición que ahora es doblemente asesina durante el curso de una grave epidemia respiratoria. La magnitud de las crisis amenazan con consecuencias mucho más graves, las crisis, según Chomsky, están moviendo las agujas del famoso Reloj del Apocalipsis hacia la medianoche, hacia la extinción. La inteligencia humana y su irracionalidad producto de una ambición desmedida nos está conduciendo a una destrucción terminal y a la decadencia de la democracia, hoy ya sólo procedimental y discursiva. La única esperanza de escapar de la amenaza de extinción es una democracia real, vibrante, en la que los ciudadanos interesados e informados se involucren plenamente en la deliberación, la formulación de políticas y acciones directas.

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