EL CONFLICTO EN DEVOTO Y UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS CÁRCELES ARGENTINAS

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Por Osiris Marti

Fotos por Lidia Barán

A raíz de lo sucedido el viernes pasado en la cárcel de Devoto, donde las personas privadas de su libertad realizaron una manifestación para exigir medidas urgentes por la aparición de contagios de coronavirus dentro de la unidad, nos lleva a un análisis de la situación carcelaria y a pensar en que modelos de reclusiones y con que orientación serían mejores para atacar el problema. Actualmente en Argentina coexisten dos modelos de prisión. El primero es el “resocializador”, éste busca que los detenidos se puedan reinsertar en la sociedad, básicamente a través de promover dentro de la cárcel la educación y el trabajo, para que cuando la persona recupere su libertad, esté lo más preparada posible para “encajar” en el sistema capitalista imperante. El segundo es el de la cárcel como depósito de personas, cuyo único objetivo es alojar y marginar a los “sujetos peligrosos” de la sociedad.

Este panorama implica que en las cárceles se cometan una serie de violaciones a los derechos humanos: hacinamiento, condiciones de higiene inexistentes, una paupérrima alimentación, lugares indignos para sus visitas familiares, represión y violencia institucional._MG_3128

El Sistema Nacional de Estadísticas, nos arroja datos relevantes con los cuales podemos hacer una caracterización de los sujetos detenidos en las cárceles de nuestro país: el 78% tiene entre 21 y 44 años, el 95 % son varones, que viven en zonas urbanas del país (95%) el 81 % no terminó el secundario, el 43 % de las personas en situación de encierro estaba desocupado al momento de cometer el delito y el 39 % tenían un trabajo de tiempo parcial. Otro dato muy interesante es que de 91.162 delitos, prácticamente el 75% se relacionan al Robo y/o tentativa de robo,  infracción de la Ley N° 23.737 (Estupefacientes), y a otros delitos menores contra la propiedad, personas o seguridad pública. El resto corresponde a homicidios y violaciones.

En base a estos datos podemos decir que la gran mayoría de las personas detenidas se encontraban en situación de pobreza y con sus derechos básicos completamente vulnerados._MG_3033

Por otra parte en 2008 la población carcelaria era de  54.537 personas y en 2018 aumentó exponencialmente a 94.883. El 46% de los sujetos detenidos  no tiene condena. El 25 % de los condenados son reincidentes. En cuánto a la actividad intra muros el 68% no tiene ningún tipo de ingreso económico durante su reclusión y el 81% no participó de algún programa de capacitación laboral, también el 71% de lxs detenidxs no participó de ningún programa educativo. Otro dato que impacta es que desde la llegada de la democracia hasta el último día de gobierno de Mauricio Macri, el 37% de las muertes por efecto de la violencia institucional se dio dentro del sistema penitenciario, según datos del archivo anual de Correpi.

Esto nos lleva a pensar que la cárcel como modelo de castigo para lxs que trasgreden la norma ha fracasado de manera contundente. Es entonces que como sociedad, deberíamos preguntarnos ¿Cuál es el objetivo que debería tener la cárcel en la actualidad?  ¿Se soluciona la cuestión del delito encerrando a más gente? ¿Qué se debe hacer con la población carcelaria?_MG_3134

La respuesta a estos interrogantes  no debe salir de este artículo sino de las reflexiones y decisiones de los diferentes protagonistas, organismos, organizaciones de la sociedad civil que trabajan con población carcelaria y de toda la sociedad en su conjunto.

Mientras esperamos que eso suceda, conflictos como los de Devoto seguirán existiendo, las tasas de personas detenidas, reincidencia y muertes en la población de la cárcel seguirán aumentando._MG_3030

Lo que parece fundamental en este contexto es guiarnos por el paradigma de los derechos humanos, ya que como expresó la especialista Claudia Cesaroni, en este momento y como es el modelo imperante, “Lo único que uno le puede pedir a la cárcel es que destruya lo menos posible”; por eso, se puede comenzar desde esa perspectiva un fuerte y serio debate social para llegar a acuerdos y tal vez, con el tiempo, a modificaciones sustanciales y estructurales para poder ir desandando el tema de las prisiones en el país.

 

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